sabato, luglio 01, 2006

El Nuevo Herald | 07/01/2006 | Hostigan en Cuba a los diplomáticos de EEUU

Hostigan en Cuba a los diplomáticos de EEUU
N. WALLER/The Miami Herald
LA HABANA

NIKKI WALLER / For The Miami Herald
UN BOSQUE de banderas frente a la fachada de la Oficina de Intereses de EEUU en La Habana impide que la población lea la pizarra luminosa con informaciones no manipuladas.

Cada vez que su perro actúa de forma extraña o se interrumpe la electricidad, Bill Hawkins se pregunta, aunque sólo sea por un instante, si los agentes de Fidel Castro están tratando de penetrar en su mundo.

''En cualquier parte del mundo, a uno le suceden cosas raras'', dijo Hawkins, ingeniero de seguridad asignado a la misión diplomática de Estados Unidos en La Habana. ``Aquí, uno nunca sabe realmente si son únicamente cosas cotidianas que ocurren o si es alguien quien las está haciendo''.

En estos días la vida es tensa para los 51 norteamericanos que trabajan en la Sección de Intereses de EEUU, la misión diplomática en el único país del hemisferio occidental bajo un gobierno comunista, y una espina que Washington tiene clavada desde hace mucho tiempo.

Entrevistados en la Sección de Intereses el mes pasado, en una sala repleta de copias en español de la Constitución estadounidense y de libros a favor de la democracia disponibles para entregar a cualquier cubano que los visite, varios diplomáticos norteamericanos hablaron sobre lo que significa tratar de llevar una vida normal en La Habana.

Al igual que Hawkins, casi todos dicen ser blanco de una campaña de hostigamiento dirigida por el gobierno cubano que busca entorpecer las actividades de la misión y molestar las vidas de sus miembros.

Los diplomáticos norteamericanos hablan de teléfonos cuyos timbres suenan sin parar, de heces de perros tiradas dentro de sus casas, de toallas empapadas de orine dejadas en una mesa de cocina y hasta de perros de la familia que han sido envenenados. Una vez, un alto miembro de la misión encontró que su enjuague bucal había sido sustituido por orina.

Según los norteamericanos, los agentes del gobierno cubano los siguen en la calle, y los provocan en eventos sociales. Algunos hablan incluso de insinuaciones sexuales por parte de extraños, una táctica cuyo fin es comprometerlos o dañar sus matrimonios.

''Todo lo que hacen es sólo para que recordemos que ellos están en todas partes'', le expresó a The Miami Herald, Drew Blakeney, portavoz de la misión, durante una visita al edificio de siete pisos que se encuentra en pleno Malecón habanero. Blakeney, atlético y de cabello negro, llegó a la capital cubana el otoño pasado junto a su esposa e hijo.

En una fiesta que se celebró en mayo, un desconocido se le acercó a la esposa de Blakeney y le dijo que su marido le había sido infiel. Tras reconocer enseguida que se trataba de una provocación, la mujer le dijo al individuo que se alejara de ella, señaló Blakeney.

Tanto Blakeney como otros le restan importancia al hostigamiento, argumentando que las molestias no tienen comparación con la persecución que deben sufrir los disidentes cubanos.

Sin embargo, la persistencia de los agentes cubanos ''hace que los agentes de la Rumania de Ceaucescu parezcan verdaderos aficionados'', observó en una entrevista Michael Parmly, jefe de la sección, refiriéndose al notoriamente duro dictador comunista de Rumania.

Los diplomáticos afirman que las pequeñas cosas con que se les hostiga no resultan nada nuevo para ellos, pero lo cierto es que las acciones de Cuba parecen haberse intensificado desde enero, cuando la Sección de Intereses comenzó a mostrar noticias y comentarios anticastristas en una pizarra electrónica. Rápidamente el gobierno de Cuba respondió, y envió a más de un millón de personas a una marcha de protesta frente a la misión de EEUU, y construyó una especie de bosque de 138 mástiles de banderas frente a la sección para de este modo bloquear la vista de la pizarra.

El mes pasado, las tensiones continuaron aumentando, y los funcionarios norteamericanos se quejaron de que los cubanos le cortaron la electricidad a la misión durante varios días.

Los esfuerzos que se hicieron para hablar con la Sección de Intereses de Cuba en Washington fueron inútiles. Las misiones se conocen con el nombre de Sección de Intereses, ya que los dos países no tienen entre sí relaciones diplomáticas formales desde los años 60. Las dos misiones funcionan en los mismos edificios donde una vez estuvieron las embajadas.

Un reciente editorial en la página principal del diario Granma, órgano del Partido Comunista Cubano, negó de forma rotunda que el gobierno cubano estuviera molestando a la misión estadounidense.

''Nuestra Revolución jamás atacaría ni violaría una oficina diplomática'', dijo el periódico. ``Nunca lo ha hecho y nunca lo haría''.

Sin embargo, los diplomáticos de Estados Unidos dicen que a menudo se encuentran con desagrables sorpresas: algún mueble que fue ligeramente movido, ventanas dejadas abiertas o congeladores que fueron desconectados de la corriente. Algunos, incluso, afirman haber encontrado un polvo blanco disperso alrededor de sus pasillos de entrada y puertas.

De igual modo, el gobierno cubano hace que su presencia se note afuera del edificio de la Sección de Intereses, con garitas de seguridad en cada esquina del complejo, y guardias que toman fotografías de los visitantes desde lejos y piden pasaportes antes de permitirle a las personas que entren al lugar.

Algunos de los tormentos parecen más el trabajo de un ser sobrenatural o de un grupo de universitarios revoltosos que de un gobierno.

Parmly argumenta que Cuba también está reteniendo las visas para los diplomáticos norteamericanos que han sido recientemente asignados, y que igualmente le prohíbe a la misión que contrate empleados cubanos para los trabajos de mantenimiento y de oficina, lo que hace que existan por lo menos 25 puestos vacíos en la misión.

Todo esto ha obligado a Parmly, que habla apasionadamente sobre el cargo en Cuba que asumió el año pasado, a posponer algunos proyectos hasta que el gobierno cubano le permita contratar más personal.

''Este verano, las cosas podrían ponerse peor'', si continúa la falta de personal y de abastecimientos, dijo Parmly con un gesto de disgusto.

Una funcionaria de poca experiencia, cuyo supervisor pidió que no se revelara su nombre, dijo que ella y su esposo llegaron en enero para su primera asignación en el servicio diplomático, justo en el momento en que la batalla en torno a la pizarra electrónica se hacía más enconada. Sus problemas empezaron de inmediato.

''Queríamos que nuestro primer empleo fuera realmente un reto. Y de veras lo fue'', dijo la mujer.

Cuando la pareja regresó a su apartamento en la barriada de Miramar, los objetos de la casa parecían haber sido movidos de lugar, el timbre de la puerta sonaba sin parar, y el teléfono sonaba toda la noche, sin que se escuchara a nadie en la línea.
nwaller@MiamiHerald.com

El Nuevo Herald | 07/01/2006 | Hostigan en Cuba a los diplomáticos de EEUU